Laritza Lezcano No hay comentarios

Luego de las drásticas y rigurosas medidas de confinamiento, las principales economías del mundo, incluida la de Panamá, han iniciado un período de relajación o alivio con el objeto de abordar una reapertura progresiva. Sin embargo, el costo de oportunidad entre el bienestar económico y la salud es un llamado a la reflexión sobre la práctica de un confinamiento regulado.

Sobrepasado  60 días de paralización, las economías del mundo se ven forzadas a bajar la guardia frente a las perspectivas de crecimiento. De acuerdo con las estimaciones, la región de América Latina podría registrar una contracción del -5.3%, estando entre las economías más afectadas Argentina, México y Ecuador con un -6.5%, Nicaragua con un -5.9% y Chile con un -4.0% de crecimiento en su producto interno bruto.

En lo que respecta a los resultados más favorables, lidera Panamá con un -2.0%, Paraguay con -1.5% y Guatemala con un -1.3% (Cepal, proyecciones de crecimiento PIB de América Latina y el Caribe, 2020).

Frente a esta realidad y a las coyunturas de períodos fiscales anteriores, no es sorpresa que se registre a la fecha una ola de relajación, tras la contención, en busca de brindar cierto alivio económico.

Repasando los hechos regionales a la fecha en Latinoamérica, Argentina ha sido de los primeros países en dar inicio al alivio de medidas, aplicando un plan de 5 fases que empezó el 31 de marzo de 2020. Para ese entonces, la visión buscaba retomar la normalidad el 24 de mayo de 2020.

Sin embargo, dicho objetivo se vio truncado con el rebrote de casos en ciertas zonas geográficas clave del país. Entre estas, la ciudad de Córdoba y diversas comunidades de la capital de Buenos Aires.

Tras ello, se confirmó la extensión del confinamiento hasta el 8 de junio de 2020. Frente a esta decisión, la sociedad ha reportado un descontento por las presiones que ejercen los compromisos financieros y las necesidades que no pueden satisfacer por la carencia de recursos económicos. Antes de la crisis, la pobreza urbana de Argentina se estimó en 35.5%, y la infantil en 52.3%.

En la región, Chile no escapa de esta situación. Hace pocas semanas, el país trasandino comunicó un plan de relajación que abarca 3 partes. Primero, un retorno del sector público que da paso en la segunda fase a los trabajadores del sector privado y a la sociedad civil. Y por último, a los alumnos de los centros de estudio.

Sin embargo, en su intento reportó un rebrote que ha conllevado al dictamen de extensión de las medidas de cuarentena selectiva por comunas y provincias que registran los estados más críticos de propagación a la fecha, como lo es el caso de Gran Santiago.

Ambos escenarios confirman el costo de oportunidad que representa la búsqueda de la tranquilidad económica frente al sacrificio de la salud.

Así se evidencia la importancia de evaluar con objetividad las limitantes de materializar los planes particulares que cada jurisdicción ha puesto o considera poner en práctica. De lo contrario, los esfuerzos conllevan a retrocesos que terminan por intensificar la decepción de la sociedad, frente a un panorama tan incierto, como se suscita en Argentina y Chile.

Entre estos factores y eventos, además de ralentizar e incluso limitar la recuperación, ocasionan la caída potencial del comercio mundial entre el 13% y 32%, según la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Por otra parte, se estima una caída de aproximadamente el 20% de las exportaciones latinoamericanas a China, de las cuales Perú y Chile tienen una significativa participación. Este último aspecto se agrava con la caída de la producción manufacturera mundial, la cual en febrero decayó en siete puntos de acuerdo con los indicadores (IHS Markit, 2020), afectándose seriamente el primer trimestre de 2020.

Liquidez

La falta de liquidez en las compañías conlleva a las reestructuraciones de costos con recortes de planillas o, incluso, al cierre de operaciones; también al desmejoramiento de las condiciones laborales como es la reducción de horas, e incluso menores salarios, lo cual es inevitable ya que no se puede exigir a una entidad pagar lo que no puede cumplir.

Todo lo anterior termina por entorpecer aún más los esfuerzos de alivio económico, porque se pone un freno a la demanda por la carencia de poder adquisitivo.

La Cepal, en su informe especial N° 2 ‘Dimensionar los efectos del Covid-19 para pensar en la reactivación’, presenta una división de los sectores de acuerdo con su peso en el producto interno bruto del país y una clasificación de tres grupos de acuerdo con la intensidad de la afectación.

En consideración a los sectores poco, medianamente y más afectados, Argentina, Chile y Panamá reportan que los sectores que contribuyen al 63.6%, 75.0% y 62.1% a su PIB, respectivamente, se ubican entre el grupo de los medianamente afectados, estos incluyen minería, manufactura, suministro de electricidad, gas y agua, inmobiliarias, intermediación financiera, administración pública, construcción, servicios sociales y personales.

En el panorama internacional, las expectativas también claman un accionar que haga frente a las vulnerabilidades económicas y sanitarias. En lo que respecta al PIB mundial de 2020, se estima un -2.0%, identificándose fuertes contracciones en Japón del -4.2% y en la Eurozona del -5.7%, para el cierre del período.

En Asia y Europa la relajación se ha reportado compartiendo una idea en común a los países latinoamericanos. Que el alivio debe de ser “lento y gradual”. Primordialmente por los rebrotes, que podrían desencadenar una fuerte ola epidémica como la de inicios del año.

Frente a estas amenazas, que representan la constante aparición de clúster del virus, como se ha reportado en Alemania, Corea del Sur y Japón, estos países trabajan para buscar soluciones en recursos que mantienen en el extranjero.

Tal como lo ilustra la relocalización de plantas de producción ubicadas en China y otras zonas que limitan los giros de negocio. En lo que respecta a Japón, la potencia económica ha destinado US$2.200 millones de los paquetes de ayuda a apoyar a las empresas a relocalizar su producción fuera de China. Una tendencia que se manifiesta en la Unión Europea y en Estados Unidos.

A partir de estos hechos podemos concluir que nuestra vulnerabilidad ante las variables socioeconómicas y sanitarias puede atrasar el objetivo de la reactivación, por lo que países como Panamá, que se encuentran en fases iniciales de alivio del confinamiento, deben utilizar estos ejemplos para modelar estrategias que minimicen los riesgos a los que estamos expuestos.

Más que una relajación o cancelación de medidas, se necesita de un confinamiento regulado claro. Porque la necesidad de hacer frente a las contracciones y dar respuestas apresuradas sesga, y al final no se logra subsanar absolutamente nada.

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